A continuación la traducción del artículo publicado en el New York Times  el 2 de setiembre del 2014. Se adjunta  link para quienes deseen leer el artículo original:

http://nayti.ms/1uo06iH

“A Call for a Low-Carb Diet that Embraces Fat”

“Un llamado a una dieta baja en carbohidratos con grasas”

Por ANAHAD O´CONNOR

 

Una reciente e importante  investigación revela que las personas que evitan los carbohidratos y comen más grasa, incluyendo grasas saturadas, pierden más grasa corporal y tienen menos riesgos cardiovasculares, que las personas que comen una dieta baja en grasas, la cual ha sido impulsada por las autoridades de salud en las últimas décadas.

Estos hallazgos no parecen ser la última palabra, en lo que por años ha sido un debate sobre cuáles son los mejores alimentos para la pérdida de peso y la salud en general. El concepto de que las grasas de la alimentación son nocivas para la salud, principalmente las saturadas, nació hace varias décadas al comparar la incidencia  de diferentes enfermedades en diferentes grupos poblacionales.

Pero  recientes estudios clínicos en los que se evaluó la salud de los participantes y su alimentación a lo largo del tiempo, han arrojado resultados complejos. Algunos han evidenciado que al comer menos carbohidratos y más grasa, a excepción de las grasas “trans”, se logran disminuir significativamente los factores de riesgo cardiovascular. Estos nuevos hallazgos sugieren que esta estrategia es efectiva para reducir el porcentaje de grasa corporal y el peso.

Este estudio fue financiado por el National Institutes of Health y publicado en los Annals of Internal Medicine. La población en estudio fue un grupo de 150 hombres y mujeres de diferentes grupos étnicos, a quienes se les asignó un plan de alimentación por un año. La alimentación limitaba ya fuera la cantidad de carbohidratos o de grasa, pero no la cantidad de calorías.

“Este es la primera investigación a largo plazo que conozco, donde no se restringe la cantidad de calorías” dijo Dariush Mozaffarian,  decano de la Escuela Friedman de Ciencias de la Nutrición de la Universidad de Tufts. “ El estudio demuestra que limitar los carbohidratos ayuda a la pérdida de peso, sin centrarse en las calorías. Y esto es importante porque es más sencillo cambiar lo que se come que intentar disminuir el consumo de calorías”.

La alimentación baja en carbohidratos y alta en grasa (LCHF diet por sus siglas en inglés) se ha utilizado desde la década de los 70’s cuando el Dr. Robert Atkins la popularizó. Entre las crítica que recibió esta dieta, es que las personas perdían peso por deshidratación y no por quema de grasa, y que el colesterol y otros factores de riesgo de enfermedades cardiacas se disparaban, ya que estimulaba el consumo de carnes rojas y productos lácteos.

Muchos nutricionistas y autoridades de salud han aconsejado a sus pacientes a no seguir este tipo de dietas, dijo la directora de este estudio, Dra. Lydia A. Bazzano de la Escuela de Salud Pública y Medicina Tropical de la Universidad de Tulane. “Se piensa que con este tipo de dietas el consumo de grasas saturadas va a aumentar y en consecuencia los niveles de colesterol, y esto va a traer malas consecuencias” dijo.

Este nuevo estudio demostró que éste no es el caso.

Al final del período de un año, los miembro del grupo de dieta baja en carbohidratos perdieron en promedio ocho libras más que los de la dieta baja en grasas. También hubo diferencias significativas en la pérdida de grasa corporal en el grupo de consumo bajo de carbohidratos, y mejoría en la masa muscular, aun cuando ninguno de los dos grupos varió el nivel de actividad física.

Aunque el grupo de dieta baja en grasa perdió peso, perdieron más músculo que grasa. 

“En realidad perdieron masa muscular, lo cual no es bueno”, dijo el Dr. Mozaffarian. “El balance masa magra vs. masa grasa es mucho más importante que el peso. Y esto es un hallazgo muy importante que demuestra por qué el grupo bajo carbohidrato – alta grasa le fue tan bien metabólicamente”.

El grupo “alta grasa” hizo una dieta Atkins modificada. Comieron principalmente proteína y grasa, pero principalmente grasa no saturada como pescado, aceite de oliva y nueces, aunque también consumieron alimentos ricos en grasas saturadas como carne y lácteos.

En un día típico, la alimentación fue sencilla: huevos para el desayuno, ensalada con atún para el almuerzo, alguna proteína para la cena como carne roja, pescado, pollo, cerdo o tofu – con vegetales. Para cocinar se utilizó aceite de oliva y de canola, y se permitió el consumo de mantequilla.

En promedio la grasa saturada representó alrededor del 13% del total de calorías, más del doble de lo recomendado por la American Heart Association. Sin embargo, la mayoría de grasas consumidas fueron no saturadas.

El grupo de alimentación bajo en grasa, comió granos, cereales y harinas. El consumo de grasa fue menos del 30% del total de calorías diarias, que es lo que establece las guías del gobierno federal de los EEUU. El otro grupo superó el 40% de calorías de grasa.

Ambos grupos consumieron vegetales. El grupo bajo en grasa además consumió frijoles y frutas.

Al final del período se evidenció que los  marcadores de inflamación y niveles de triglicéridos disminuyeron significativamente en el grupo alta consumo de grasa. El HDL (colesterol “bueno”) se elevó mucho más que en el grupo de bajo consumo de grasas.

La presión arterial, el colesterol total y el LDL se mantuvieron parecidos en ambos grupos.

Sin embargo, el grupo de dieta baja en carbohidratos mejoraron tanto que lograron bajar el score en la escala de Framingham, la cual calcula el riesgo de sufrir un infarto en los próximos diez años. El grupo bajo consumo de  grasa NO mejoró el puntaje obtenido en esta escala.

Lograr disminuir este riesgo con la dieta baja en carbohidrato “se traduce en un beneficio sustancial”, dijo el Dr. Allan Sniderman, profesor de Cardiología de la Universidad McGill en Montreal.

Un importante factor predictor de enfermedad cardiovascular no fue evaluado en este estudio, dijo el Dr. Sniderman, el cual es el tamaño y número de las partículas LDL circulantes en sangre. Dos personas pueden tener la misma cantidad de colesterol LDL, pero el riesgo es muy diferente dependiendo si tienen muchas partículas pequeñas y densas de LDL, o grandes y no densas.

El consumo de carbohidratos refinados tiende a aumentar la cantidad de colesterol LDL y lo convierte en partículas pequeñas y densas, lo cual contribuye al desarrollo de la ateroesclerosis. La grasa saturada hace que las partículas de LDL sean de mayor tamaño y por lo tanto con menos riesgo de ocluír las arterias, al menos ante la ausencia de los carbohidratos, dijo el Dr. Ronald M. Krauss, quien fuera presidente del comité de guías nutricionales de la American Heart Association.

Los pacientes con enfermedades cardiacas tienen partículas pequeñas de colesterol LDL típicamente, además de altos niveles de triglicéridos, obesidad centrípeta y otros aspectos del Síndrome Metabólico, dijo el Dr. Krauss, quien es también director del centro de investigación sobre ateroesclerosis del centro de investigación del Hospital de Niños de Oakland.

El Dr. Mozaffarian dice que el estudio sugiere que las autoridades de salud deben dejar de recomendar la restricción de grasa y apoyar a las personas a consumir menos productos procesados, especialmente los que tienen carbohidratos refinados.

En general la población presta atención a las pirámide de los alimentos y el resultado es por ejemplo, que las loncheras escolares contengan en vez de leche entera, leche sin grasa con chocolate y rica en azúcar, dijo el Dr. Mozaffrian.

 

Este artículo se publicó en la edición del 2 de setiembre del 2014, página D1 de la Edición New York bajo el título “A Call for a Low-Carb Diet”.